Atardecer en Monterrico
Disfrute de terminar esta colorida pintura para una bella familia.
Obra reciente 2024–2026
Cinco obras recientes con ficha técnica y texto curatorial, junto a un archivo de obra y procesos de 2010 a 2024.
En el taller
En mi taller, cada cuadro aparece despacio: capa sobre capa, entre silencio, color y paciencia.
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En un barrio periférico de Lima, el juego aparece como territorio de libertad y como símbolo de pertenencia, identidad y resiliencia frente a la pobreza.
En un barrio periférico de la ciudad de Lima, un grupo de niños corre tras una pelota de fútbol, mientras detrás se levantan viviendas precarias de madera, esteras y ladrillo expuesto. La pintura expone la paradoja de una infancia que, aun atravesada por la pobreza, encuentra en el juego un territorio de libertad. Este contraste busca subrayar la fuerza simbólica del juego como motor de resistencia. La obra es un homenaje a la memoria colectiva de los asentamientos humanos, donde el juego se convierte en un símbolo de pertenencia, identidad y resiliencia.
Una joven mujer camina entre las ruinas de una ciudad devastada. Su presencia monumental articula una narrativa de esperanza: lo femenino como fortaleza, liderazgo y resistencia.
La figura de una joven mujer camina entre las ruinas de una ciudad devastada, en medio del paisaje hostil la protagonista avanza. El personaje se inspira en la figura de la hija de la artista, cuya presencia es monumental. La obra articula una narrativa de esperanza: cuando todo parece perdido, se puede encontrar en una sola figura —una mujer, una madre, una hija— el impulso para no rendirse. En ella se concentra la idea de que lo femenino es fortaleza, liderazgo y resistencia.
Una mujer herida con vestido de gala sostiene una mirada firme hacia el horizonte mientras el atardecer ocre se apaga sobre los restos de una ciudad. Resistencia frente a la traición y el abandono.
Veo bosques y estrellas. Una voz amable me consuela, a mí, diminuta bajo el cielo altísimo, olvidadiza y pocas veces triste, marchando bajo el ancho cielo. Si alguien quisiera mimarme, no sabría ya comprenderme, llevo el corazón enterrado, camino porque llevo botas y me he olvidado de todo, excepto de caminar.
¿O es que no hay flores en el horizonte y un paisaje tan plácido donde pueda sentarme a llorar? Adaptado de José María Remarque
El sol se puso sobre nuestras promesas explora la intensidad de los vínculos humanos durante los desacuerdos. En el centro, una mujer herida con vestido de gala, se erige como una figura cargada de desolación y pesadumbre, mientras un hombre en penumbra le da la espalda. La escena se sitúa en un atardecer ocre, contaminado, sobre los restos de una ciudad. La luz y el entorno en ocres y naranjas sugieren la tensión en lo que alguna vez fue un pacto afectivo o social, reforzando la metáfora de un sol que se apaga sobre las promesas hechas. La mujer, bajo una luz de reflector blanco, y pese a la herida visible, sostiene una mirada firme hacia el horizonte, representando resistencia frente a la traición y el abandono.
Un ex soldado sobreviviente sostiene una flor entre las ruinas de un templo. La vitalidad de ese gesto contrasta con la crudeza de la guerra: la vida persiste incluso donde lo sagrado se ha derrumbado.
Esta obra plantea una reflexión sobre la fragilidad de la existencia y la capacidad humana de resistir frente a la devastación. El personaje central es un ex soldado sobreviviente de la guerra. Él sostiene una flor en sus manos, como un gesto de vitalidad que contrasta con la realidad de la violencia y la crudeza de la muerte en el contexto de la guerra. Detrás se ven las ruinas de un templo, un escenario que representa un cambio de paradigma, la caída de lo que es sagrado, el derrumbe de las creencias más férreas.
Dos jóvenes mujeres en un entorno ardiente. Sus miradas transmiten asombro, miedo y determinación. La atmósfera saturada de rojos y magentas otorga a las figuras una dimensión casi mítica.
Las últimas heroínas nace a partir de imágenes compartidas en tiempo real en las primeras fases de la ocupación israelí de la Franja de Gaza. En la obra, dos jóvenes mujeres aparecen en un entorno ardiente, una con la ropa destrozada y la otra sosteniendo una piedra con la mano. Sus miradas transmiten tanto asombro, miedo y determinación. Las protagonistas representan la resiliencia femenina en contextos donde la vida cotidiana se ve interrumpida por la violencia. Sus cuerpos, expuestos a la vulnerabilidad, son también emblemas de resistencia. La atmósfera saturada de rojos y magentas intensifica la sensación de peligro y de urgencia, pero también otorga a las figuras una dimensión casi mítica. Ellas son las últimas heroínas, porque, a pesar de la destrucción, se mantienen vivas y de pie, con la mirada puesta hacia el futuro.
Archivo de obra
Una selección de obras, series y procesos publicados por Ana Masías. Cada pieza aparece una sola vez en esta página y enlaza a su publicación original.
UPVer en Tumblr
Perfect Angel GirlVer en Tumblr
Girl from YemenVer en Tumblr
Ana (Snapchat)Ver en Tumblr
Boboli Gardens (Ash)Ver en Tumblr
Selfportrait (Nowhereland)Ver en Tumblr
La piscina (Sisi y Joanne)Ver en Tumblr
Nosotras las musasVer en Tumblr
CamgirlVer en Tumblr
Jackson HeightsVer en Tumblr
Coloniales ContemporáneosVer en Tumblr
Autorretrato con pincel y waypeVer en Tumblr
Procesos y otros registros